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19.12.05

Llega la Navidad, con sabor a mazapán
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Has de saber que esta semana es la de la Navidad, eso habrá de ser sumamente importante de celebrar para casi la mayoría; así como lo será el día del solsticio de verano: el 21 de diciembre. ¿Porqué? dirás tú, ¿qué importante tiene la llegada del verano? pues te lo digo ipso facto: fue el día que nací, pueh. Es decir, traducido, esta semana es la de mi cumpleaños número... -bah, algo le pasa a este teclado-. Como te decía, el número... -pst, no sé, este teclado no responde-. En fin, son unos treintita y algo añitos de nada -ejem-, cof, cof.

Fui a nacer a las cero cuarenta y cinco am de un 21 de diciembre, para quedar señalada por el inicio del verano, o el invierno si lo prefieres. Marcada a vida por una serie de características astrales, numerales y terrenales; como cualquier mortal, vamos, pero que me gusta darle caché, me gusta.
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Sabes, días atrás escuchaba atentamente a un profesor, éste mirando al infinito con cierto aire de placer, nos instaba gentilmente a pensar lo maravilloso que sería poder tener acceso a ver las cosas como en cierta época pasada de la historia. Por un instante, su mirada al infinito me sumió en algo como un éxtasis intelectual, empatía total, hasta que una neurona algo fregada me interrumpió, con algo como serías una analfabeta Petra, en esa “maravillosa” época, probablemente estarías a merced de quizás qué cosas, que derecho a pernada o sumisa a las labores del hogar y tejido, y miré al profesor, aún con su mirada y sonrisa en el infinito, comprendiendo que allá adonde miraba no me interesaba mirar, menos sonreír. Es este mi tiempo, oh sí. Esta es la mejor época que se haya conocido para haber nacido. Y nacido mujer.
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Si uno lo ve con cierta creencia india, o hindú, esto de ser mujer o hombre es un capricho de las reencarnaciones; o sea, pudiste ser en otra vida una mujer o un hombre, independiente de lo que te toque ahora. Si es así, puede que en esa otra época fui un hombre, un artesano tal vez, o un campesino, quién sabe. Tenía un amigo que decía haber sido un indio del Sur, lo decía con tal misterio, que lo miraba y me parecía verle semidesnudo pescando frente a un río. Una vez me dijeron que fui muchas cosas, que si fui una señora de la aristocracia hasta un soldado muerto en batalla. Sabes, mejor viro hacia otra fe, más serena, y me quedo con eso del aquí y ahora, qué más vívido ¿no? Tú ya sabes que el alma no tiene género, yo también.
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Es en este aquí y ahora en donde pareciera comenzamos a ser testigos de un nuevo paradigma o contexto: el de la mujer accediendo al poder. Sí, al poder, ese bien, el más anhelado y conquistado por el hombre a lo largo de la historia. Y lo más relevante de este hecho, ni mucho menos insignificante, es el de la conquista de un poder que representa la responsabilidad histórica que podamos adquirir. En el país de al lado, el presidente Kirchner acaba hace poco de designar dos nuevas ministras, dándoles poder en carteras complejas y con la consabida responsabilidad, sabiendo los malos usos de antaño en ese país; estas nuevas ministras, tienen esa “nueva forma” de ejercer poder, una manera acuñada más lejos de la masculinización, si bien aún dentro del modelo patriarcal (que imagino nos llevará algunos muchos años más poder modificar), son mujeres que han sabido desafiar las dificultades -enormes- que se encuentran en el camino de cualquier mujer en el camino del poder.

Cuál puede ser la idea de tener poder, dirás; si el poder para lo único que sirve es para la corrupción. Y sí, puede que sea cierto, que suceda aquello de ponerse el anillo de Sauron y deformarse. Sin embargo, cuando se tiene la serenidad de observar alrededor y conformarse una idea de qué debemos plantearnos para lograr aquello de que todos seamos más felices y amados; se puede comprender entonces que el tema del sistema patriarcal, y su caricatura machista, deja afuera a la mitad de la población en las decisiones más importantes.
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Si hay algo que siempre me ha agotado es discutir el tema de género, aunque no lo creas, no me atrae algo que encuentro queda afuera de discusión; cuando lo importante es el tema de vivir y convivir en conjunto, de comprender que ciertos fundamentos en los que basamos nuestras acciones tienen la fuerza de la ignorancia. Como si no viajáramos muy lejos por temor a que se nos acabara la tierra y nos pudiéramos caer, argumento que habría sido sumamente cierto unos cientos de años atrás.

Y bueno, dejaré para otro día el tema, es Navidad. Y, en fin, este... espero que mis “fiebres” pro-desarrollo femenino no lleguen a ojos de la señora de Papa Nöel, pues no vaya a ser que le dé la tontera, se ponga a reclamar y no quiera dar de cenar al viejito, ni plancharle su abrigo rojo, ni darle de comer a esos renos que se cagan por todos lados, qué decir de alimentar a todos esos duendes, que son unos hambrientos, y ¡zas! tú y yo nos quedemos sin regalitos, ni cena, ni besos, ni abrazos.

Te deseo con todo mi corazón tengas unos días mágicos. Y que esta Navidad la pases junto a quien quieras, ames o te necesite. Para eso está la Navidad, para celebrarla con paz y alegrías.

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“... Noche de paz, noche de Dios, viene Dios a salvar / Nochebuena que alumbra el amor, el misterio escondido de Dios / Duerme niño Jesús, duerme mi niño Jesús”.

 
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